Semblanza

MANUEL GARCIA-PELAYO

Nacido en 1909 en Corrales, provincia de Zamora, España, de padre militar y madre formada en las tradiciones familiares de su provincia, cursó sus estudios de bachillerato en el Instituto de Zamora. A finales de los años veinte, se trasladó a Madrid para seguir estudios de Derecho en la Universidad Central, tiempo durante el cual residiría -por iniciativa de su padre- en la Residencia de Estudiantes. Etapa crucial en su vida, le proporcionó el contacto con un país atrasado y problemático como era España, al tiempo que le brindaba las oportunidades que la Institución Libre de Enseñanza había sedimentado, poniendo a su alcance las posibilidades suficientes para complementar su formación familiar en los valores éticos e intelectuales requeridos por un espíritu tan sobrio como libre. Dentro del mismo clima institucionista -del que tan buen ejemplo era Don Fernando de los Ríos- becado por la Junta de Ampliación de Estudios, cursó estudios de post-grado en filosofía del derecho desde 1934 con los mejores maestros de Viena y de Berlín, hasta que, en el verano de 1936 se sintió llamado a volver a España para participar en la contienda civil que apenas comenzaba.

Los años de la guerra, en la que participó como Oficial de Estado Mayor en el Ejército de la República, le separaron del ámbito universitario, más no del estudio ni de la vocación académica, como mostraron luego sus lecturas y el testimonio de sus improvisados y espontáneos discípulos de entonces. Vencido, condenado e indultado; cerradas para él las puertas de la Universidad, se reinsertó en la vida civil en condiciones durísimas para su inclinación intelectual, ahora orientada por necesidad hacia la docencia privada en cursos particulares impartidos a candidatos al ejercicio de la carrera diplomática (1942-1949). Esas dificultades no le impidieron escribir El Imperio Británico (1945) y comenzar a redactar su célebre Derecho Constitucional Comparado (1950); tampoco, la preparación y coordinación de cursos y seminarios en el recién fundado Instituto de Estudios Políticos que dirigía Francisco Javier Conde. En 1951, a pesar de un destino académico más prometedor en el mencionado instituto. La firmeza de sus convicciones frente al régimen franquista le llevó a un exilio voluntario en Buenos Aires, iniciando un periplo americano que le llevó, de asesor jurídico de empresa y profesor invitado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (la cual abandonó cuando quienes le habían llevado a ella fueron perseguidos por el régimen de Perón) a Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico (1954), hasta llegar a Director-fundador del Instituto de Estudios Políticos (1958-59) en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela.

En esta última situación cumplió la etapa más fecunda de su vida intelectual y académica en América con la creación de la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos en esa universidad (1973) y la puesta en marcha de una importante labor editorial comprehensiva de varias colecciones notables que incluían primeras ediciones en español de clásicos como Bodino, Hobbes, Naudé o Botero; de estudiosos contemporáneos como Marcuse; de otros autores nacionales y extranjeros, traducciones, etc. Impulsó también la creación de publicaciones periódicas como Documentos y Politeia, ésta última activa como órgano divulgativo de la labor del Instituto después de más de 40 años.

Jubilado de la Universidad Central de Venezuela en 1979, en 1980 fue elegido primer presidente del recién creado Tribunal Constitucional español por dos períodos consecutivos, sin abandonar del todo una vida académica fecunda, hasta 1986. Al jubilarse de este cargo público volvió a Venezuela, donde falleció pocos años después, en 1991.
El conjunto de su obra, de múltiple interés para historiadores, estudiosos del derecho, de la sociología, de la antropología histórico-política y, en general, para todo lector culto, se condensa en sus numerosos escritos, presididos por cuatro grandes constantes de su pensamiento:
1) su atención y sensibilidad hacia la historia y la historicidad;
2) su atención hacia el Derecho como instrumento ordenador de las sociedades;
3) su inclinación a la reflexión sociológica, y,
4) su preocupación permanente por el momento político y, por ende, por el Estado y sus formas. Todo ello presidido por la dialéctica del todo y de las partes de la realidad entendida como sistema de conexiones y relaciones entre los componentes y de éstos con la totalidad. Con este sólido sistema de pensamiento, resultado de sus preocupaciones por la historia y el presente, asimiló rigurosamente las mejores influencias de su época para proyectarse en sus obras como estimulante fecundo de nuevas reflexiones sobre muy vastos temas de alcance universal. Así, sus raíces hundidas en sus inmediatos maestros (Posada, Pérez Serrano, Recasens en España, Baxa, Spann, Kaufmann en Viena, Schmitt en Berlín), en otros más mediatos (como Ortega y Zubiri), y con lo mejor del pensamiento filosófico, político, jurídico y sociológico alemán de todos los tiempos (Hegel, Marx, Von Stein, Dilthey, Heller, Smend, Sombart, Kantorowicz, Gierke, Max Weber entre otros), ofrece una obra consistente y sólida en la que los temas particulares se integran en un sólido conjunto sistemático de elaboraciones conceptuales esclarecedoras de interrogantes y dudas de carácter histórico y actual que le han llevado a proyectarse y profesar –como hemos visto- en España, y en casi todos los países de Hispanoamérica.